Dris Bouissef-Rekab Luque (Tetuán, 78 años) pasó de cabrero en su infancia a profesor de lengua española en la Universidad de Rabat. Pero también fue preso político, estuvo más de 13 años en la cárcel por su militancia en una asociación comunista y se exilió en España. Nada de esto le hace callar. De madre española y padre marroquí, vivió la dualidad de las dos culturas. Todo ello lo recoge en su última novela: Paquita en tierra de moros (ExLibric, 2024), que acaba de presentar en Madrid. Hasta ahora, había escrito toda su obra en francés. Solo uno de sus libros está traducido al castellano, A la sombra de Lala Chafia (Ediciones del Oriente y del Mediterráneo, 2004).Paquita en tierra de moros es una biografía de la mujer que le acompañó en todo momento, su madre. Sin embargo, a medida que pasan las páginas, se convierte en una autobiografía del autor. Dos historias de superación que se entrelazan. Además, la descripción de la vida en Tetuán durante y después del Protectorado español o las reflexiones sociológicas y políticas que incluye convierten a esta novela en un interesante documento crítico con Marruecos y con España, que rinde homenaje a una mujer valiente que supo tomar decisiones difíciles por amor a su marido y a sus hijos.Pregunta. ¿Piensa que un país sin memoria histórica es un país condenado al ostracismo?Respuesta. Condenado a cierta ignorancia, diría yo. Es nuestra historia, cualquiera que sea el país, la que explica qué somos. Ese conocimiento es absolutamente necesario para comprender lo que somos y lo que queremos ser. Esto necesita, primero, mucha memoria, mucho recuerdo. Yo viví el franquismo, estaba en Marruecos, pero era franquismo, y eso me impactó. Cuando no sabemos, no podemos juzgar, no podemos evaluar, no podemos comprender realmente todo lo que estamos viviendo y eso es fatal para cualquier pueblo, porque puede venir cualquier persona, por no decir otra cosa, y llevarte a donde quiera. Y lo estamos viendo con la extrema derecha en España, en Francia, en Estados Unidos, en Italia, y no sé en cuántas partes más del mundo.P. ¿Y en Marruecos?R. Ahora hay una ofensiva contra los tímidos avances que se daban en cuestiones de derechos de la mujer, por ejemplo, y otras cosas. Eso es la historia reciente de Marruecos, aparte del hecho de que la historia global de Marruecos se enseña de una manera completamente laudatoria para lo que es el régimen. Ensalza todas las dinastías como si hubieran sido maravillas de la historia y eso es una desgracia.P. ¿Usted ha hecho de la memoria histórica un eje de su vida y de su literatura?R. Yo empecé a escribir mi primer libro en la cárcel [A la sombra de Lala Chafia]. Y lo saqué estando en la cárcel. Con él yo quería denunciar la situación del pueblo pobre y lo que había permitido que en Marruecos hubiera la posibilidad de que personas pobres pudieran estudiar. Yo venía de una familia más que humilde, y, sin embargo, pude estudiar. Con la independencia hacía falta formar a un mínimo de funcionarios para sustituir a los franceses y a los españoles. Eso permitió que en ese momento hubiera cierta escolarización y ciertas ayudas. Yo fui uno de los que se beneficiaron. La verdad es que después todo fue degradándose. Eso ha dado como resultado que actualmente en Marruecos haya una crisis tremenda de la enseñanza. Entre la religión y la política, imponen una orientación que no tiene nada de democrática.P. ¿Es por eso que en su libro usted utiliza una palabra que no existe en castellano: analfabetizar?R. Sí, lo contrario de alfabetizar, porque en Marruecos la educación no está destinada a enseñar, a reflexionar, sino que pone orejeras para que se piense como quiere el poder.Yo empecé a escribir mi primer libro en la cárcel. Y lo saqué estando en la cárcel. Con él yo quería denunciar la situación del pueblo pobre [en Marruecos]P. Sus ideas políticas le costaron la cárcel en Marruecos.R. Sí, yo estaba en una asociación marxista que planteaba una república popular sustituyendo a la monarquía.. Y eso, desde el poder político, no se podía admitir. Luchábamos en la clandestinidad y, evidentemente, todos fuimos a parar a la cárcel.P. Antes de entrar en prisión estuvo desaparecido y fue torturado.R. La tortura fue terrible. Yo estuve siete meses y 10 días, eso no se me olvida, con las manos esposadas, con un trapo tapándome los ojos. Solo me lo cambiaron dos veces en siete meses. Ya te puedes imaginar, sin lavarte, y echado las 24 horas del día sobre una manta en el suelo. Sin autorización para hablar, ni nada, estás ahí, quieto y silencioso.P. ¿Y cómo lo soportó?R. Bueno, eso fue bastante duro, pero cuando tus ideas son más o menos firmes y sabes que te estás enfrentando al régimen, ya sabes de antemano lo que te espera. Algunos, pocos, no lo soportaron y perdieron la razón. La gran mayoría lo soportó, aunque algunos murieron, pero ya fuera de la cárcel. Los demás, ya viejos, seguimos adelante.La religión es la que nos inculcan y no es necesariamente la verdad absoluta. Son unas ideas, unas creencias, una doctrina que nos inculcanP.Usted en la cárcel escribió y también hizo su tesis doctoral.R. Yo tengo el doctorado por la Universidad de Toulouse. Estudié allí y luego los profesores vinieron a Rabat para la tesis. Eso fue después de una larga lucha. Hice la tesis sobre las cárceles franquistas. Mi exmujer, Lucile, me traía los libros de los presos del franquismo.P. En la cárcel, además del apoyo de su compañera, tuvo el de su madre. Su libro es una biografía, un homenaje a ella, pero también una autobiografía suya.R. Sí, mi madre fue una mujer fuerte que, por amor a mi padre, Mohamed, se enfrentó a su propia familia. Eso hizo que sus hijos, al ir creciendo, nos encontráramos en la situación de que, cuando estábamos con españoles, no debíamos ser marroquís, pero cuando estábamos con marroquís, no debíamos ser españoles. Yo jugaba al fútbol con los españoles y con los marroquís. Cuando estaban los españoles, me decían ‘moro’ y me españolizaban el nombre. Me llamaban Andrés, y a mi hermano Mohamed, Juanito. Con los marroquíes era lo mismo. Así que nunca sabíamos dónde situarnos.P. ¿Ese sentimiento le ha durado mucho tiempo?R. Hasta que llegué a Francia. Allí las cosas eran distintas, era el año 68. Sin embargo, respecto a la religión, tuve las cosas claras mucho antes. Estudié secundaria en un colegio judío, donde solo éramos cuatro marroquíes. Un día jugando en el patio viene un chavalín y me dice: ‘¿Tú eres moro?’ Y le digo: ‘Sí’. Y me dice: ‘Pues vas a ir al infierno, porque todos los moros van al infierno’. Y yo, sabiendo que los musulmanes decían que los demás, cristianos y judíos, iban a ir al infierno, me pregunté que dónde estaba la verdad de todo esto. Fue muy simple, pero yo saqué la conclusión de que la religión es la que nos inculcan y no es necesariamente la verdad absoluta. Todavía no me pensaba a mí mismo como ateo, porque ahora sí, tengo claro que soy ateo.P. Tras salir de la cárcel vivió algunos años en España.R. Yo viví del 1991 al 1999 en España. Principalmente en Cataluña, con mi mujer y mi hija. Vinimos huyendo de Marruecos. La policía me amenazó porque había sacado una cosita en EL PAÍS. Como acababa de salir de la cárcel y no me reintegraron en la universidad, trabajaba en Libération, una revista en francés del Partido Socialista de Marruecos. Entonces hice conocidos en el mundo periodístico de Rabat, como el [entonces] corresponsal de EL PAÍS, Ferran Sales. Yo le hacía traducciones y me dijo de escribir algo de vez en cuando. Me pidió una cosa sobre el Sáhara. Escribí que el régimen político en Marruecos no acepta que la cuestión del Sáhara quede en manos de los partidos. Una manera de decir que el rey llevaba el timón de ese asunto. Inmediatamente, me convocaron y me amenazaron junto con mi familia. Mi hija acababa de nacer.P. ¿Cuándo regresó a Marruecos?R. Cuando me enteré de que, en 1998, el Gobierno había decidido reintegrarme en mi puesto en la Universidad de Rabat.P. En su libro dice que en España nunca fue feliz.R. Tengo muchos amigos, encontré gente de muy buen corazón, pero también sufrí mucho por el racismo y la ignorancia.P. Toda su obra literaria está en francés. Este es el primer libro que escribe en castellano, ¿por qué?R. Al querer escribir sobre mi madre, yo no me veía hablando con ella en francés, porque nunca lo hice. Siempre lo hacíamos en español.

Dris Bouissef-Rekab Luque: “En Marruecos la educación no está destinada a enseñar, sino que pone orejeras para que se piense como quiere el poder” | Planeta Futuro
Shares: